
Seguramente habréis comprado alguna vez durante los último años prendas de vestir en cuya etiqueta -siempre conviene mirar antes de lavar- habréis leído “algodón orgánico”. Quizá no os acordéis o fue un regalo pero es muy probable que por esa prenda pagarais más que por cualquier otra de algodón. De todos modos con vuestra compra estábais contribuyendo al desarrollo de una industria, la del algodón orgánico, que contribuye a la biodiversidad y la mejora del ciclo biológico.
El algodón orgánico es aquel que crece de modo natural, sin la ayuda de pesticidas o fertilzantes. Todo natural, sin ningún producto químico que altere el proceso. Su uso, afortunadamente, es cada vez más popular y según algunas estimaciones las plantaciones, distribuidas en 24 países, crecen a un ritmo de más del 50% anual. La apuesta por este algodón es fundamental para el medio ambiente teniendo en cuenta que el algodón no orgánico sólo ocupa un 2,5% de la tierra cultivada en el planeta pero consume un 16% de insecticidas. Unas cifras catastróficas para la naturaleza.
El algodón no orgánico bate récords en uso de componentes químicos destrozando la biodiversidad de los terrenos en los que se cultiva y afectando indirectamente al consumidor final ya que puede producir molestas irritaciones en la piel. Algunas de las ventajas contrastadas del algodón natural son el ahorro en productos químicos nocivos para su producción, la prevención de plagas o la mejora en la conservación de la biodiversidad y preservación de la tierra para posibles cultivos diferentes en el futuro.
Cuando vayas a la tienda y leas en la etiqueta algodón natural no pienses en tu bolsillo. Piensa en la contribución que estás haciendo para la mejora del planeta. Desterrando el algodón no natural ganaremos todos a largo plazo. Desde Hostal Empúries te lo recomendamos encarecidamente.